
Cuando estas vacaciones nos dejamos caer por Nueva York y visitamos la mítica librería Strand Books, supe enseguida que no habría manera de irme de allí sin llevarme algún libro. Pero tras visitar tres plantas repletas de estanterías, el problema era decidirse por alguno. ¿Cuál llevarse? Y de repente, se materializó allí, delante de mí, la opción perfecta: On Writing, de Stephen King.
Pocas veces se tiene la oportunidad de escuchar a uno de los maestros de la literatura actual hablando de lo que más le gusta: escribir (y leer, ¡por supuesto!). Hacía tiempo que sabía que este libro existía, porque no dejaban de recomendarlo en según qué círculos literarios de Internet, y todo el mundo coincidía en que era imprescindible y muy, muy interesante. Ahora que lo he leído, no podría estar más de acuerdo.
Tras haber leído unos cuantos manuales de escritura, empiezas a detectar abundantes coincidencias entre ellos. Los consejos y las técnicas se repiten, y sospechas que no es por casualidad. Stephen King incide mucho en el arte de pulir un borrador, empeñado en eliminar elementos innecesarios: adverbios, frases, giros, diálogos, personajes. Esta idea ya le obsesionaba por ejemplo a George Orwell hace algunas décadas. Pero King sabe transmitir estos consejos para escritores con su mente clara y afilada como un bisturí. La lectura te atrapa y las ideas revolotean por tu mente varios días después de haber terminado el libro. Desde luego, Stephen King sabe de lo que habla.
On Writing también incluye muchos datos que a priori puede parecer innecesarios, pero que a mí siempre me han atraído. Stephen King nos cuenta a qué hora empieza a trabajar y cuántas horas escribe, el número de folios que suele tener terminados en una jornada, el proceso de escritura-corrección que sigue, los litros de té, café y Coca-Cola que puede consumir mientras tanto, la orientación de su mesa de trabajo… Datos circunstanciales y no muy relevantes, pero que precisamente por no abundar en las biografías ni en los manuales, son los que más me interesan.
El libro es importante en la trayectoria vital de Stephen King por ser justo el que se encontraba escribiendo cuando le arrolló una furgoneta en 1999, y que se quedó a medias mientras se recuperaba en el hospital. Por fortuna para su familia y todos sus lectores, Stephen King regresó al trabajo pocos meses después con el mismo entusiasmo de siempre.
La única pega de On Writing está en que insiste demasiado en la técnica -la superficie- y se olvida por completo del contenido -¡el fondo!-. Hay demasiado sobre adverbios innecesarios, sobre frases mal construidas; pero nada sobre la estructura de sus novelas, sobre la creación de sus personajes. El prestidigitador nunca desvela todos sus trucos…
On Writing encierra ideas memorables sobre la escritura y grandes consejos para todos los que quieran imitarle, pero también interesará a los fans acérrimos en busca de datos biográficos y a los lectores en general que quieran aprender más sobre el mundo de la literatura. Lo ha escrito uno de los hombres más fascinados por los libros y la escritura que hay, y uno de los que más lejos han llegado. Y, como sucede con los sinceramente entusiastas por algo, sabe contagiarnos su pasión.